
Una idea que este proyecto quiere discutir
Make Venezuela Great Again expresa una afinidad política con Donald Trump que puede llegar a una aspiración provocadora: quererlo como jefe de Estado y considerar a Venezuela como un posible estado de la Unión estadounidense. Esa preferencia merece formularse con claridad. Es una propuesta para discutir el futuro, no la descripción de una incorporación que ya haya ocurrido ni de un cargo venezolano que Trump ejerza actualmente.
La pregunta incomoda porque rompe una costumbre: suponer que las únicas opciones legítimas son las que presentan las mismas dirigencias. Para MVGA, la discusión empieza en el fracaso del socialismo, el rentismo y la partidocracia para construir una ciudadanía autónoma. Si una población ha visto cómo se invoca su soberanía mientras se destruyen sus posibilidades de vivir libremente, puede preguntar qué arreglo institucional protegería mejor su futuro. Esa pregunta no debe cerrarse mediante un insulto patriótico.
Una conversación que también llegó a Washington
El 11 de mayo de 2026, John Roberts habló en The Guy Benson Show sobre su conversación con Trump y la posibilidad de Venezuela como estado 51. El registro de Fox News Radio permite documentar que la idea llegó a esa conversación pública. Una declaración, una imagen o una preferencia presidencial no constituyen por sí mismas un procedimiento de admisión. El interés político de la propuesta y su situación jurídica deben examinarse por separado.
La afinidad de MVGA con Trump se explica por su decisión de actuar contra Maduro y por el deseo de una ruptura con un sistema agotado. La propuesta de integración añade otra pregunta: si esa ruptura debería conducir a una relación institucional mucho más estrecha con Estados Unidos. La admiración por una persona puede abrir la conversación; la decisión afectaría a generaciones que vivirían bajo reglas posteriores a esa persona.
El argumento favorable: garantías que no dependan del partido
Quien defiende la incorporación puede buscar un marco federal estable, protección de la propiedad, tribunales con capacidad de limitar al poder y oportunidades económicas menos dependientes del favor político. También puede considerar valiosos el acceso a un mercado mayor y una ciudadanía compartida. Son argumentos que merecen desarrollo, no resultados automáticos que puedan prometerse por cambiar una bandera. Cada beneficio depende del acuerdo, de las instituciones y de su aplicación.
Para MVGA, el atractivo central de esa posibilidad sería romper con la facultad de una cúpula de tratar al país como su propiedad. El ciudadano debería poder trabajar, ahorrar, invertir y disentir sin vivir pendiente de una autorización política. La propuesta se vuelve defendible por las garantías concretas que ofrecería, no por la idea de que toda decisión de un gobierno extranjero deba aceptarse sin examen.
Las objeciones que hay que responder
Una incorporación transformaría la soberanía internacional de Venezuela y plantearía preguntas sobre representación, idioma, derecho, impuestos, recursos naturales y distribución de competencias. También afectaría a Estados Unidos: admitir una nueva entidad modifica una comunidad política existente y exige que sus instituciones decidan. Una propuesta seria necesita interlocutores de ambos lados y condiciones públicas, no una confianza ilimitada en la simpatía del momento.
La objeción sobre identidad merece una respuesta mejor que la burla. Integrarse políticamente no explica, por sí solo, qué ocurriría con una cultura, una memoria o una lengua; esos asuntos requieren garantías y decisiones. Tampoco corresponde suponer que toda oposición a la idea defiende al chavismo. Se puede rechazar el socialismo y preferir una República venezolana independiente. Ese desacuerdo debe competir mediante argumentos con la alternativa de integración.
Qué permiten afirmar las constituciones
El artículo IV, sección 3, de la Constitución estadounidense atribuye al Congreso la admisión de nuevos estados. La preferencia de un presidente no basta para producirla. Del lado venezolano, el artículo 1 constitucional afirma la independencia y califica de irrenunciables la soberanía y otros derechos de la nación. La propuesta enfrenta, por tanto, obstáculos constitucionales fundamentales; una encuesta favorable o una consigna no los resuelven. Este ensayo no presenta una vía jurídica ya aprobada para superarlos.
También es necesario distinguir incorporación como estado, condición territorial, asociación, alianza y cooperación. No ofrecen necesariamente la misma representación ni los mismos derechos. Utilizar el nombre estado 51 para cualquier influencia estadounidense confunde relaciones diferentes. Antes de defender un arreglo hay que precisar cuál se propone, quién podría decidirlo y qué garantías tendrían las personas que quedarían sometidas a él.
Una aspiración abierta, una exigencia concreta
MVGA puede promover el horizonte del estado 51 sin fingir que ya existe un acuerdo ni convertir la simpatía por Trump en prueba de viabilidad. La propuesta expresa el deseo de una ruptura profunda con la política que empobreció al país. Para avanzar como programa tendría que demostrar consentimiento libre, condiciones de igualdad, protección de derechos y una solución constitucional examinable. La incertidumbre de ese camino no prohíbe discutirlo.
La controversia deja una exigencia que alcanza también a quienes prefieren otra salida: explicar cómo impedirán que Venezuela vuelva a ser el botín de una dirigencia. La independencia necesita ciudadanos libres para tener sustancia; la integración necesitaría garantías para merecer apoyo. El punto de partida de esta biblioteca es que el venezolano tiene derecho a pensar alternativas sin aceptar que el mismo fracaso político conserve para siempre el monopolio de lo posible.
Fuentes y referencias
- Fox News Radio · John Roberts sobre su conversación con Trump, 11 de mayo de 2026
- National Archives · Constitución de Estados Unidos, artículo IV, sección 3
- Constitución de Venezuela · artículo 1 · texto de 1999, archivo de Georgetown
