Ilustración editorial para Sembrar el petróleo: de la consigna al dilema del poder

Una frase que no sustituye la pregunta

«Sembrar el petróleo» se ha convertido en una de las frases más reconocibles del debate venezolano. Se cita para defender proyectos agrícolas, industria, educación y obra pública. Pero repetir la consigna no demuestra que la renta se haya invertido bien, ni que una inversión haya creado capacidades duraderas. La discusión empieza cuando se pregunta qué debía sembrarse, quién debía decidirlo y cómo se mediría el resultado.

Arturo Uslar Pietri publicó el editorial «Sembrar el petróleo» en el diario Ahora, año I, n.º 183, el 14 de julio de 1936. La transcripción que conserva el archivo de MVGA reproduce la preocupación central del texto: una economía puede consumir una riqueza del subsuelo sin reconstruir aquello que la sostiene. Uslar llamó «destructiva» a una economía que sacrifica el futuro al presente y propuso usar la renta minera para estimular agricultura, cría e industrias.

La fecha documentada del editorial es el 14 de julio de 1936. Su argumento vincula la renta de un recurso agotable con la creación de actividades productivas que puedan sobrevivirle. La vigencia de esa pregunta no depende de usar la frase como aval de cualquier programa anunciado por un gobierno.

La advertencia y el contexto

El editorial apareció después de la muerte de Juan Vicente Gómez y durante una etapa de debate sobre el rumbo económico y político del país. Su argumento no nació en el vacío. Alberto Adriani había insistido en la necesidad de fortalecer la agricultura y estudiar los problemas económicos venezolanos. La obra de ambos intelectuales conversa sobre diversificación, pero eso no autoriza a atribuir a Adriani la frase exacta de Uslar.

La frase y el editorial corresponden a Uslar Pietri. Adriani forma parte del ambiente intelectual que insistió en fortalecer la agricultura y diversificar la economía. Reconocer ese antecedente permite comprender una conversación compartida sin transferir la autoría del texto de 1936.

La metáfora debe leerse en su época: Venezuela atravesaba una transformación petrolera que alteraba ingresos, exportaciones y actividades tradicionales. Uslar proponía convertir riqueza mineral en agricultura, cría e industria. MVGA amplía hoy la pregunta hacia la educación, la innovación y la capacidad de los ciudadanos para producir con autonomía.

La renta también se convirtió en política

La frase tuvo una vida política posterior. Un estudio de L. M. Lauriño Torrealba sobre el Trienio de Acción Democrática (1945–1948) muestra que los dirigentes de la Junta Revolucionaria retomaron «sembrar el petróleo» para defender créditos e inversión en industria y agricultura. Sus discursos vinculaban la renta con la representación política y la producción nacional. El estudio también señala límites y tensiones: la prioridad concedida a la industrialización, la menor atención efectiva al agro y la continuidad de compromisos petroleros con empresas extranjeras.

Esta historia impide contar la consigna como una línea recta de Uslar a una política económica coherente. Distintos gobiernos la usaron para legitimar proyectos diferentes. La propuesta de convertir renta en capacidad productiva podía convivir con centralización, favoritismo o decisiones sin suficiente evaluación pública. Un objetivo anunciado no prueba un resultado conseguido.

Ese punto sirve para la crítica de MVGA al rentismo. El problema no es que el Estado invierta en bienes públicos o que proteja a las personas. El problema es que la renta quede bajo control discrecional y que el gobierno pueda repartir oportunidades sin revelar criterios, costos y resultados. Una obra puede ser necesaria y aun así estar mal contratada; un crédito puede impulsar producción y aun así favorecer a un grupo; un programa social puede aliviar necesidades y aun así carecer de reglas que lo conviertan en derecho.

¿Qué significa sembrar hoy?

La pregunta de 1936 puede traducirse en criterios actuales, sin fingir que existe una sola política correcta:

  1. Capacidades: ¿la inversión aumenta conocimientos, infraestructura, salud, educación o productividad que se mantienen cuando caen los ingresos petroleros?
  2. Diversificación: ¿la actividad puede sostenerse con clientes, empleo y productividad, o depende permanentemente de una asignación estatal?
  3. Reglas públicas: ¿se conocen el presupuesto, el contrato, los beneficiarios y el criterio de selección?
  4. Evaluación: ¿se publican resultados y auditorías, incluso cuando contradicen el discurso del gobierno?
  5. Ciudadanía: ¿el servicio se garantiza como derecho y puede exigirse sin afiliación, lealtad o favor?

Estos criterios no convierten un ensayo de 1936 en un programa económico contemporáneo. Sirven para continuar la discusión con preguntas que puedan investigarse. El Banco Mundial publica indicadores de renta petrolera como porcentaje del PIB, pero advierte que sus series tienen definición y metodología propias. Esa medida no revela por sí sola cómo se gastó el ingreso ni quién se benefició; debe acompañarse de presupuesto, ejecución, deuda y datos de resultados.

Una memoria que sirva para rendir cuentas

Uslar Pietri no debe ser presentado como profeta infalible ni como dueño exclusivo de toda idea de diversificación. Su editorial ofrece un punto de entrada para examinar una pregunta nacional persistente: cómo transformar ingresos volátiles y agotables en capacidades que sobrevivan al gobierno que los recibió.

Para MVGA, «sembrar» debe significar que la riqueza pública produzca libertad práctica: educación que permita comprender y crear; instituciones capaces de controlar el gasto; empresas y trabajadores que no dependan de permisos políticos para producir; y servicios públicos que no se entreguen como premios. La lectura es editorial; cada afirmación sobre ingresos, políticas o resultados requiere sus propios documentos.

La consigna no absuelve a ningún gobierno ni condena automáticamente toda intervención estatal. Obliga a preguntar si se produjo algo duradero, si el público puede verificarlo y si el ciudadano adquirió más autonomía. Si la respuesta es opaca, la riqueza no se sembró: simplemente pasó por las manos del poder.

Fuentes y referencias

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