Ilustración editorial para Educación no es lo mismo que instrucción

Saber mucho y convivir mal

Un país puede acumular títulos y conservar hábitos que destruyen su vida común. Una persona instruida puede aprovechar su conocimiento para engañar, humillar o administrar un privilegio. También puede existir alguien con poca escolaridad que respete compromisos y trate con dignidad a los demás. Reconocer esa diferencia permite discutir la formación sin reducirla al número de certificados emitidos.

Renny Ottolina distinguió educación e instrucción en el discurso de campaña conservado por La Nueva Enciclopedia. Relacionó la primera con maneras de ser, pensar y respetar; la segunda, con adquisición de conocimientos de aplicación práctica. El registro automático presenta errores, por lo que aquí se desarrolla el sentido del planteamiento sin atribuirle una formulación literal corregida por nosotros.

La formación del ciudadano no es propaganda

Una administración puede invocar valores para introducir obediencia. Por eso la dimensión cívica de la educación debe examinarse junto con la libertad de pensamiento. Respetar al otro no significa aprobar al gobierno; asumir responsabilidades no significa repetir sus consignas. Una escuela que confunde buena conducta con adhesión está sustituyendo ciudadanía por disciplina partidista.

La pregunta de Renny permite exigir otra cosa: personas capaces de aprender, cumplir acuerdos, reconocer límites y discutir sin abandonar el criterio propio. La transmisión de conocimientos necesita ese contexto. Un profesional que conoce su oficio y acepta el soborno porque todos lo hacen ha aprendido una técnica, pero participa de una cultura que vuelve inútil una parte de su preparación.

El Estado que cuenta inscritos y olvida capacidades

La política educativa puede refugiarse en cantidades fáciles de anunciar: cupos, edificios, matrículas y graduaciones. Esos datos importan, pero no bastan para saber qué aprendieron los estudiantes ni cómo podrán utilizarlo. Cuando la publicidad del gobierno necesita resultados rápidos, aparece la tentación de reducir la exigencia para que la estadística acompañe la consigna.

MVGA rechaza una educación administrada como fábrica de agradecimiento. La expansión debe permitir que más personas dominen conocimientos y desarrollen autonomía. Si el sistema aumenta certificados mientras debilita contenidos, produce una promesa que el joven pagará al buscar trabajo. La justicia educativa exige calidad accesible, no una igualdad que deje a todos con menos herramientas.

Aprender para vivir en un país posible

En el mismo discurso, Renny conecta formación y objetivos nacionales de largo plazo. Esa relación invita a discutir oficios, producción, agricultura y vida cotidiana. No obliga a reducir toda educación a una necesidad económica inmediata: una República necesita también historia, lenguaje, ciencia, artes y capacidad de deliberación. La preparación práctica y el juicio ciudadano pueden fortalecerse mutuamente.

La distinción no debe convertirse en una excusa para despreciar la escuela ni para idealizar la falta de estudios. Su valor es exigir más. Venezuela necesita que el conocimiento sirva y que la conducta pública permita usarlo sin destruir al vecino. Una sociedad empieza a salir del deterioro cuando deja de preguntar únicamente cuántos títulos entrega y empieza a preguntar qué ciudadanos está formando.

Fuentes y referencias

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